(Sobre la creación estética)
Y Dios sabe que es urgente
como el pis
el deseo de encontrarlo.
Manuel E. Cimadamore
Supongo que mi naturaleza rudimentaria
(primitiva, según se han sincerado algunos) guarda algunas caras poco
confesables. Con ellas hago la literatura. Pero no es de eso de lo que quiero
hablar. O sí, pero voy a dar un rodeo.
Pensar por imágenes es una de las zonas menos indecorosas de mi lado
primario.
Hay una escena que siempre llevé puesta. Era verano y yo estaba en una
playa alejada, en Valeria del Mar. Un chiquito que no paraba de moverse al lado
mío, de golpe desapareció. Miré para el lado del mar y no estaba. Miré para
atrás, para la zona de los médanos, y ahí estaba, previsiblemente, de espaldas,
el pantaloncito naranja hasta las rodillas, las dos manos oblicuas hacia su
entrepierna, las piernas semiabiertas buscando equilibrio, la cabeza en
dirección a la arena, y un leve vapor que emergía, suave, a un metro de
distancia del niño, sobre la arena.
Me impresionó su concentración. Mear no merecía ese recogimiento. Me
acerqué. Yo estaba a unos veinte metros y lentamente me arrimé. El niño,
impensadamente, comenzó a girar en un círculo perfecto. Avanzaba sin quitarle
prioridad a la urgencia. Ni atención. En círculo. Yo me quedé a observarlo a
una distancia prudente. Cuando llegó al lugar de inicio, frenó. Se adelantó con
un saltito, volvió a la posición inicial, maniobró reconcentrado, y llevó sus
manos al pantaloncito naranja. Yo hice que miraba al mar. Por al lado mío pasó
el chiquillo sin registrarme.
El resto de la escena es previsible. Me acerqué al lugar del que el niño
ya se había desentendido y miré la arena. Ningún misterio. Un círculo perfecto
y adentro un garabato con pretensión de firma. YO. La escena es trivial pero
hoy para mí es una materia prima noble. Urgencia y sentido estético. Ese teatro
es hoy para mí la cifra exacta de la creación estética. Urgencia y
manipulación. Primero fue la Urgencia. Luego
el Control. Finalmente la forma. Un círculo perfecto firmado en el centro.
Hecho de pis. Una geometría limpia crecida de una necesidad primaria.
Sí. Hay creación sin urgencia. Pose. Artificio. Vanguardería. Sí. Hay
creación sin forma. Barro. Expurgación. Plumoterapia. El arte es, bien
entendido, la manipulación de la urgencia. El arte, como el deseo de pis, viene
de afuera. Es trascendente porque crece de una trascendencia. La necesidad. Con
minúsculas para que huela a humor del cuerpo. La creación nace de una
alteridad. Un otro que nos manda el cuerpo. Nada más urgente y trascendente que
el pis. Todos somos elegidos en ese sentido. No en el otro. Quiero decir, no
todos tienen el pulso necesario. Ni la práctica.